
Para los lacandones, los elementos tienen pixan, una suerte de “alma”; tienen una relación animista con la naturaleza: todo, piedras, lagos, árboles, animales, etcétera, es persona, y por eso es importante establecer pactos en función del equilibrio de la vida y la muerte. La selva es un espacio relacional permanente. Los lacandones han sabido comprenderlo, abrazarlo, y han transmitido su conocimiento de generación en generación, cultivando una formidable manera de mirar el mundo. La lectura de este es lo mismo que sentarse a escuchar a los sabios de la selva, y quien se adentre en estas páginas podrá conmoverse por esa generosidad. Pero Las raíces del cielo también es un grito de la memoria, porque hoy, el hilo que teje ese saber ancestral, parece haberse roto irremediablemente junto con la selva. El curso del río de los mitos y saberes lacandones se agota. Hay un tipo de sensibilidad especial siendo deforestada. Por eso creemos que esta obra es de tanta importancia: reivindica a un pueblo en constante y trágica persecución, recoge lo que los Hombres Verdaderos (mujeres, niños y ancianos) piensan de su situación actual, y nos ofrece la oportunidad y privilegio de acercarnos a su sabiduría, de la cual el pensamiento occidental tiene infinitas cosas que aprender.
Alice Balsanelli, después de pasar más de una década en la selva, y a través de los testimonios que escuchó, plasma aquí un sistema de pensamiento distinto, a una cosmovisión en la que hay distintas maneras de concebir la existencia, la vida y la muerte. Las raíces del cielo es un texto conmovedor: lo escribe ella, pero quienes hablan son las y los lacandones, y la selva. Este libro es un grito de la memoria.
Alice Balsanelli, nacida en Magenta (Milán, Italia). Realizó sus estudios de licenciatura en la Universitá Statale di Milano, cursando la carrera Ciencias Humanas del Ambiente, del Territorio y del Paisaje. En 2011 se mudó a México, donde estudió la maestría y el doctorado en Antropología Social, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México. Posteriormente, realizó una estancia posdoctoral en la Universidad Nacional Autónoma de México, en el Instituto de Investigaciones Filológicas. Actualmente trabaja como investigadora para el Centro de Estudios Mayas de la unam. Durante 14 años ha convivido durante largas temporadas con los mayas lacandones de la Selva Lacandona de Chiapas, en las comunidades de Nahá y Metzabok. Los lacandones le enseñaron su lengua, le transmitieron el conocimiento sobre sus costumbres, sus mitos, sus leyendas y su religión, compartiendo asimismo sus experiencias de vida, que ella ha registrado en sus diarios y que ha publicado en diversos trabajos académicos. Durante sus estancias en la Selva, ha trabajado con los sabios, con las mujeres y los niños, registrando los testimonios de los miembros de este pequeño grupo maya y registrando los profundos cambios que han afectado su cultura. Romances y en 2026 obtuvo, por el conjunto de su obra, el Premio Camoes (el más importante en lengua portuguesa), y el Premio de Literatura Europea del Ministerio de Arte, Cultura y Medios de Austria.